Egresados 2010 - últimas puteadas

domingo, 12 de diciembre de 2010

Fuimos acosados de ser “hijos del rigor” una y otra vez, y hasta tal vez estemos orgullosos de serlo.
Atravesamos cinco años de secundaria, bah, algunos seis, o siete… bueno, capaz ocho años, pero en fin! La meta se alcanzó y es lo que importa, y es por eso que estamos acá, por la festichola. ¿O no?
De ser treinta y pico pasamos a ser sólo diecisiete. Nos fuimos tamizando con el pasar de los años, y muchas personas se fueron incorporando también. De primero a quinto sin escalas quedamos sólo seis, poco a poco nos fuimos homogeneizando con otros cursos o con personas de afuera de San Cosme, hasta formar la pelota de… giles que somos hoy. Pero somos tan geniales.
Nos peleamos, nos odiamos, nos arrancamos los pelos, nos escupimos la Pepsi que compartimos, pero nos unimos. Ya sea para cambiarnos los nombres cuando viene alguna suplente, o para hacer un pequeño llamadito con alguna que otra amenaza, para dar vuelta todos los bancos o para hacernos los loquitos y molestar a alguien, que nunca deja de ser divertido.
Dejar todo para último momento, y aferrarnos con fuerza a la frase “lo improvisado siempre sale mejor” es nuestra cualidad, capaz porque tuvimos suerte en eso, pero hasta ahora siempre, lo que dejamos al límite del llamado “último momento” nos quedó genial.
Como ese video que nos dio vuelta la cabeza a todos, el del día de la primavera. Vimos a todo un quinto reventándose la cabeza entre ellos para juntar plata, pintar personajes de Cartoon Network a mano (¿quién se iba a imaginar que Matías, Mauro y Harry pintarían tan lindo?), hacer rosas de papel, ramas con alambre, diario y crepé, pegar un Súper Pacman Saiyayin Fase 3 en el pasillo; pasar TODO un día en el Pasaje de nombre impronunciable (¿Altapacal? ¿Alpatacal era?), pintarse las manos con témpera, coordinar pasitos de baile, almorzar galletitas surtidas con Gancia, ser QUEMADOS por el sol del mediodía, pasar una noche desesperante editando un video que dura diez minutos, salir corriendo para llevar el DVD terminado.. .¿Y TODO PARA QUÉ?! Para ganar, obviamente. ¿Por qué? Porque lo improvisado sale mejor (H) Improvisamos frases, cantamos el himno a quinto (?) filmamos a Harry perreando ;) y nos ganamos un almuerzo, papeeeh ;)
Tantas peleas, tantas discusiones e insultos… ¿Y todo para qué? Si estamos acá unidos, nos une el alcohol, nos une esto de decir “loco… terminé quinto, ya no me importa más nada”.
Porque cuando llegás a quinto de verdad sentís que no te importa nada, decís “ya fue, qué trabajo práctico ni trabajo práctico, me chupa un huevo la prueba de Sociedad y Estado”. Y uno llega a pensar que realmente es así, que estás en quinto y mandás, capaz en parte algo de lugar te dan, te dejan que te la creas, pero no te dan todo el dulce. Entonces la remás para zafar de alguna prueba, remamos en equipo para zafar algún trabajo práctico, te la pasás remando para zafar y te das cuenta que mentira, en quinto no te la rascabas tanto como te decían.
Bautizamos a Coraje como mascota del aula, con las plantitas carnívoras de la discordia, que tantos problemas nos trajeron. Nos analizaron, nos trataron de enfermitos que se sentían atacados PERO NO! Los ignoramos e hicimos lo que quisimos. Otra vez.
Pero en quinto pasa lo siguiente: pasás de la emoción al tener tu buzo de egresados (que tantos problemas nos trajo u.u) y sentirte un Egresado hecho y derecho, un egresado de pelo en pecho (iugh) y vas por la vida con tu nombre en la espalda y con cara de SOY UN EGRESADO 2010, GUARRRDA, llevándote a los de los demás cursos por delante.
Acá se sientan los de quinto, tómenselas, estudien para llegar a donde llegué yo, lo decís de caradura que sos, como si en verdad te hubieses reventado para estar donde estás. Pero si robás a dos manos, no te hagás.
De la emoción pasás a las ansias por terminar. Termina el primer trimestre y ya estás contando los días para que se termine esta condena, para irte y no volver NUNCA MÁS a este lugar de mierda, lo decís casi con un orgullo excesivo, pero mientras llenás el aula de cartelitos con frases de los Simpsons, saludás a Coraje todos los días y ni bien entrás al aula corroborás que esté tu nombre en la pared y que NO FALTE NINGUNO porque se arma.
Y los profes te hablan. Te hacen la cabeza, tratan de bajarte de la nube con cancha, te dicen “jurás no volver, pero vas a volver, yo decía lo mismo, y ahora me tenés de profesora”. JAMÁS pensás.
Las peleas entre tus compañeros siguen, y pensás en no venir más al colegio, de las ansias pasás a la bronca. Bronca por tener que seguir viniendo, estás harto de las peleas, de los trabajos prácticos, querés estar en tu casa, en la calle o en la plaza, o donde sea, te cuesta levantarte y educación física es un flagelo. Levantarte temprano, qué garrón.
Y así se pasa el segundo trimestre.
Y decís… pará. ¿Ya? ¿Quedan tres meses nomás? Y de la bronca pasás a la alegría, a las ansias de nuevo… y también a la melancolía.
Mirás con otros ojos a tu aula, a tus compañeros, los ves como personas y aflojás un poco… Quedan tres meses, loco.
Los profes te aprietan de todos lados: videos, exposiciones, disfraces, orales, te hacen la cola cada vez que pueden y vos mientra la seguís y seguís remando. Se va Vero y llega el Potus, salís con tus compañeros y te das cuenta de que los querés demasiado, que vale la pena seguir yendo al colegio.
Y no te importa nada. Al Potus la volvés loca, a Friedt le decís que no trajiste el Libro de Artista y seguís durmiendo, a Mercalli le decís “Prueba?! Qué prueba?!”, a la apoderada legal le decís “BASTA, PIEDAD POR FAVOR”.
Y te sacás fotos, te reís más, Ayi trae tortas y hacemos como que festejamos un cumpleaños, hacemos vaquita y compramos galletitas, gaseosas… 
Te volvés un romanticón absurdo, un boludo andante que mira el colegio con cariño, y ya no le parece tan gracioso el “Por el honor del nombre”.
Empieza a ser la hora de organizar fiesta de egresados y pelear por aprobar (no tira nada llevarte algo, aunque seguro seguro que aaalgo te llevás).
Quedan semanas… días… ¿Tan rápido pasó el tiempo, che?
Y llegó el día. El último día al fin llegó. Tanto que lo esperabas, tanto que lo puteaste… y ahí lo tenés, lo estás VIVIENDO, pelotudo, y mirá! Te hacen llorar estos forros.
Llegaron todos los directivos, entraron al aula y nos miraron serios. Nos dijeron palabras lindas, y nosotros los mirábamos con cara de lechuga en estado de coma 4.
Pero tenía que llegar Lili, sí, tenía que llegar ella con su cita al Principito, y la voy a repetir yo hoy, porque me encantó y quiero ver hasta dónde los puedo molestar.
—Es bueno que haya ritos.
—¿Qué es un rito? –dijo el principito.
—Es algo también demasiado olvidado –dijo el zorro–. Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días, una hora de las otras horas.
Dicho esto, Lili dijo: y ahora vamos a llevar a cabo un rito habitual. Vamos a tomar lista por última vez.
Ah! Cuando dijo esto me partió el corazón. Ahí caímos en la cuenta de que esto sí se terminaba, y que aunque era lo que queríamos, nos dimos cuenta de lo mucho que queremos algunas cosas, de lo mucho que nos cuesta separarnos de eso y que de no queremos terminar el secundario para ir a una universidad donde todo va a ser diferente, y tener que salir a laburar porque no va a haber un “pase la prueba, profe, no sabemos nada”, no va a haber un “deeeeleeee sea bueniiiitoooo" que valga. Se terminó la etapa más linda que atraviesa todo adolescente, y esa etapa es la de la secundaria.
Y Ana agarró la lista, y empezó. Pronunciaba los nombres de una manera especial, y fue tan emotivo escuchar tu apellido y saber que no se va a repetir, que tampoco vas a escuchar así los apellidos de tus compañeros y escucharlos decir “Yani llega tarde seguro”.
A medida que escuchabas tu apellido te levantabas y tus compañeros te aplaudían, como si fueras lo más groso del mundo, aunque estuvieras moqueando y con cara de boludo. Y recorrías el pasillo una última vez, bajabas las escaleras con nostalgia, y salías, triunfal, por la puerta principal. Gaby y el Gallego te abrazaban fuerte, y listo. Afuera sólo te quedaba esperar a los demás.
Verles la cara, algunos llorando, otros lo más tranquis, pero emocionados igual fue tan fuerte. Y los abrazabas, porque te dabas cuenta de que no eras el único que estaba nostálgico.
Cuando estuvimos todos tiramos papelitos al viento y al son de “Somos los de quinto lo sabías” nos fuimos, sabiendo que ser un egresado es la sensación más linda que uno puede tener y no por haber terminado el colegio, sino por haberlo recorrido sin pausa y sin prisa, y con personas que querés. A tu lado.
Felicitaciones, 5º AB. Acabamos.